Cómo desmontar el berrinche de tu hijo con una pregunta

¿Sabías que es viable neutralizar los berrinches de tu hijo con tan únicamente una pregunta? No tiene que ver con magia, solo es algo de psicología aplicada a los niños pequeños. Opuesto a eso que varios opínan y, más que nada, lo que varios practican en sus hogares, un pequeño puede ser interrumpido en la mitad de un episodio de íra o desilusión.

Algunos expertos sugieren respetar ese instante en el que el pequeño se ve sobrepasado por sus emociones y explota, pero hace poco se viene comentando de un procedimiento que es efectivo. Esta estrategia está asociada a la aptitud cognitiva del pequeño y a la disposición de los padres o docentes para enseñar a los más chicos a conducir de forma eficaz sus emociones. Y sucede que las ocasiones que desencadenan la íra de los chicos son básicamente innumerables: dejaron un juguete en el hogar, no desean proceder a reposar, quieren continuar jugando en la tina luego del baño, solo desean comer golosinas, se dañó su muñeco preferido.

Citar todas estas ocasiones supone un largo tiempo y no vale la pena nombrarlas todas, porque ya todos las conocemos muy bien. Pero en lo que sí debemos extendernos es en comprender que para desmontar el berrinche de tu hijo no siempre necesita de una terapia particular  o de visitas al psicólogo. Tan solo debemos ayudarlos a hacer una visión diferente en oposición al inconveniente que generó su oposición negativa.

¿Cómo enfrentar un berrinche?

Solo con reflexionar en la palabra berrinche, nuestros escenarios de paciencia empiezan a bajar. Lamentablemente los padres niños, inferiores de cinco años, nos enfocamos solo en reprender, regañar y prohibir cuando nos encontramos frente a una pataleta infantil.

Nos olvidamos de que nos encontramos frente a unas personitas que no tienen idea cómo conducir sus emociones y dejamos a un lado el colosal compromiso que poseemos de ayudarlos a superar emocional e intelectualmente. Inclúyete en este desarrollo, sigue a tu hijo a errar, a encontrar resoluciones y continuar adelante.

Ahora mismo, varios se preguntarán qué relación tienen los berrinches con el avance intelectual de un pequeño. Y para responder a esta incomodidad debemos citar la definición que la Real Academia De españa ofrece: “Intelecto es  el “entendimiento, capacidad cognoscitiva racional del alma humana””.   Se habla de “alma humana” no se habla de mayores ni de personas superiores de edad. Entonces, si el intelecto en una propiedad inseparable a nosotros, ¿por qué no contribuir a nuestros hijos a investigar con raciocinio aquellas ocasiones que generan su furia? Aprender a conducir las emociones forma parte de  la evolución del pequeño.

Por eso está en nuestras manos, ayudarlos a crecer y a conseguir esa seguridad emocional que les dejará madurar según su edad.

La gran pregunta

Luego de esta premisa, deseamos invitarte a emprender el siguiente berrinche de tu hijo haciéndole la siguiente pregunta: “¿Ese es un problema pequeño, mediano o grande?”. Hay altas posibilidades de que tu niño, en la mitad de su inocencia, te responda que hablamos de un inconveniente grande.

Y si esto pasa, evita decirle no es así,  porque estarías subestimando su molestia y restando consideración a sus emociones. La mejor alternativa es acompañarlos en ese desarrollo de reconocimiento del inconveniente. Si te dice que es un inconveniente grande, indudablemente lo es dentro de su pequeño mundo.

Por eso nuestra labor es ayudarlos a hallar una solución para ese inconveniente. Luego que identifique la extensión del inconveniente, invítalo a buscar una satisfacción para esa circunstancia. Enséñale con tu ejemplo que la forma más expedita para sobrepasar conflictos es por medio de resoluciones.

Una vez superado el trance del berrinche y cuando tu pequeño esté en una circunstancia emocional permanente, pregúntale si fue complicado arreglar su enorme inconveniente. Cuando te cuente que fue simple, cierra la conversación resaltando la iniciativa de que si la satisfacción fue chiquita, indudablemente el inconveniente no era tan grave como los dos pensaban.

Sí, “como los dos imaginaban”. Inclúyete en este desarrollo, sigue a tu hijo a errar, a encontrar resoluciones y continuar adelante.

No seas parte de la mayor parte que solo se ocupa de evaluar un berrinche, porque de esta forma no estás aportando nada.

Un pequeño no requiere ser juzgado. Él solo espera contar con el apoyo de los enormes para crecer con seguridad y de la forma más feliz que sea viable. Esa es nuestra extraordinaria labor.

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